domingo, 23 de marzo de 2025

Plata

 Soy tan frágil como un vaso de cristal, estoy repleta de emociones que me conmosionan, y me ahogo en mi misma, en la vulnerabilidad de mi existencia.


Hay fisuras en mi cuerpo, las cuales relleno con amor y ternura, y éstas dejan marcas de color plata talladas sobre mi piel.

Algunos creen que esas cicatrices son hermosas ya que brillan bajo los reflejos de la luz, los rayos que me alcanzan en las mañanas calientan mis adentros acuosos, pero no saben que esos rastros de resplandor grisaseos se vuelven fríos por las noches, transformandose a la misma temperatura del aire helado, más en las veladas oscuras, donde las nubes y el tiempo consumen el espacio entero, y solo el negro abriga como un manto al firmamento. 


En esas noches brotan de las heridas gotas del pasado, un llanto silencioso que busca tapar  las huellas de metal que han sido talladas en mí, desean recordar la época en las que no estaba tatuadas, un tiempo tan lejano y borroso, como si fuese la visión de otra vida en la que existí. 


La risa de una niña se escucha nítida, viene acompañada de la brisa de primavera, donde nació un campo entero de flores arcoíris junto a las buganvilias de mi abuela, y en medio de todo un árbol de jacarandas violetas. Las lágrimas que fluyen riegan cada una de esas plantas que brotan, el presente sana al pasado mientras éste habita en un otoño incierto, aunque por suerte, ve lejano el invierno que la consumiría dejando helado su cuerpo.

Aunque no niega que lo ha añorado. Porque no importa que tanto mi anatomía deteste la tempestad gélida, mi ser a veces desea congelarse y que cada atomo de mi se rompa en fracciones tan pequeñas que se vuelva uno con los granos de tierra, hasta que nadie recuerde la existencia de aquel frágil cristal lleno de plata en sus heridas.


Una paz infinita inscrita en la inexistencia, que aguarda su olvido entre la tempestad emocional, porque mientras habite en el plano terrenal en que me puso el universo, me dispongo a vibrar como el cataclismo que se me otorgó ser.

miércoles, 25 de enero de 2023

Playa de emociones

 Eres como las olas del mar que van y vienen arrastrando a la orilla de la playa rastros de lo que hay dentro de si.

Me inundas por las noches, cubriendo con tu espuma cada parte de mi piel, humedeciendo con la delicadeza de tu suave tacto cada gramo de mí. 

Me envuelves y me dejas embelesada con el susurro que sale de tus besos, me ahogas con tu frío cuerpo.

Déjame empaparme de ti cerca del sol, para poder ver mejor esa azul sonrisa. Y que las gaviotas canten mientras nos arrebatamos los miedos con cada pequeño secreto que se va revelando.

Te deseo completamente mío, y que me mires sabiendo aquello. 

Que mi corazón es tuyo desde hace ya tiempo, sin tapujos, ni miras. Y aunque el universo esté en medio de nuestros mares. ¿Puedo soñarte esta noche a mi lado? 

Déjame palpitar por ti, y que no sea una sola vez, porque si me dejas estar no me importa el terror del mañana. Prometo aferrarme a tu mano, y crear todo un ecosistema con mi amor, que envuelva cada parte que nos hayan lastimado. 

Porque me haz robado aquello que parecía perdido. Conviértete en algo más que mi pecado. Sé mi ser añorado.

miércoles, 6 de abril de 2022

Ya no somos plural.

 Todo es como un ciclo de recuerdos, va y viene aquello que me ha ahogado aunque el mar esté completamente seco. 

¿Dónde vamos? Es algo que por fin tengo respuesta, después de meses lo supe, lo único que cambia es el plural en ello, el camino es pequeño, supongo que desde hace mucho era así, yo te arrastré conmigo, a tu fantasma, pero ya ni lo que fue cabe sobre la tierra.



Es de nuevo primavera, ¿cómo es que pasaron todas las estaciones y jamás sanamos? No las heridas, sino nosotros. 

Tú me empujaste a un abismo y mientras caía me di cuenta que no me dolía el pensar en el estrepitoso golpe que venía, ni siquiera pensé en la agonía que recorrió cada centímetro de mi cuerpo al tocar el suelo duro y frío, nada de eso importaba, ni la sangre, ni mi cuerpo suplicando por descansar, lo que realmente me dolía era encontrarme sola en ese lugar, sin ti.

Pero ya no importa, ¿por qué escribo a tu nombre si te he olvidado? 


Eso lo puedo responder ya, te invoco solo para poder plasmar ahora, después de que te robaste mi ser entero, yo te robo en mis recuerdos, como si fueses mi musa, una que reflejo como si fueses el yugo sobre mi espalda, y aunque todo el mundo piensa en la daga que me encajaste para herirme, yo ya estoy sanada. 

Así que eso eres ahora para mí, algo que jamás sabrás, algo que ya ni siquiera importa en realidad, solo un arma tan vieja que se va rompiendo en cachitos tan pequeños que ni siquiera es capaz de hacer un mínimo rasguño, sin embargo, te usaré hasta el final de los días quedan de tu recuerdo; que supongo que son pocos. 


Porque ya es primavera de nuevo, el calor azota contra mi cuerpo, como hace un año cuando te quería, como hace 12 meses que solíamos dormir entre risas, como hace 52 semanas que pensaba que por ti todo lo demás no importaba, como hace 365 que te lloré y tú solo te fuiste dándome la espalda, una y otra vez.


Las flores de ese tiempo ya se marchitaron, y algo nuevo ha florecido, más radiante, más cálido, lo siento entre mis manos, la dulce caricia de lo que es la realidad. 

Y no tengo nada que perdonarte, no tienes tampoco nada que decirme, porque nos evaporamos y dejamos de existir, pues ya no somos plural.