¿Recuerdas los días de verano cuando veíamos nuestros propios anocheceres y dormíamos juntos bajo la luna?
Todas y cada una de esas noches esperaba a que te quedaras dormido para poder salir al balcón a tomar aire, soñando que así tú realmente estarías conmigo.
Sentí tus manos junto a las mías, casi como si hubieras estado ahí, y ese tacto de piel con piel fue tan eterno que nunca pude notar que te estabas yendo, ni mucho menos que tal vez nunca estuviste por completo, entonces te seguía viendo, palpaba tu ausencia y pensaba que eras el mismo, como cuando crees que miras la misma estrella cada noche.
Cuando por fin me di cuenta que ya no estabas empecé a ver tu sombra desde la puerta, sólo cuando estaba entreabierta. Y desde esa pequeña apertura puedo mirarte volar de tierra en tierra, te mueves al ritmo del sonido de tus alrededores mientras yo escucho distintos cantos en mis cercanías, pero éstos no dicen nada, son un tarareo que ignoro al concentrarme en no perder de vista si volverás.
El cuarto se volvió frío cuando te fuiste o ¿siempre fue así?, tal vez no lo sentía por el calor de tu cuerpo, que era tanto que aún a centímetros de rosarse con el mío podía sentir un tibio en cada parte de mi ser, como si te llevaras la frialdad que me caracteriza, y así, no necesitaba nada más para cubrirme cuando tú estabas cerca.
¿Me ves desde donde estás? ¿No necesitas un poco de mi frío para nivelar tu calor?
Después de todo, si puedes escuchar mi voz, promete que si no regresas éste verano, como en todos aquellos en los hemos estado juntos, no volverás jamás, y dejarás que cierre desde afuera la puerta de la habitación, permitiendo que todo lo demás que ha sido permanezca adentro, desde nuestras risas, hasta los ósculos que dejaste en mi alma.
Entonces, chico de sol nocturno, déjame partir sin ti, ni tus recuerdos (para siempre) o hiéreme una vez más con tus viajes de media noche.
NANA
domingo, 18 de febrero de 2018
lunes, 24 de julio de 2017
Sin ti, tengo todo, menos a ti. Y sin ti, ¿qué es lo que realmente tengo?
Otro triste septiembre, octubre, noviembre, todos son tristes, cada uno termina igual, cada uno es una entrada al invierno, que siempre me recuerda a ti.
Esos ojos negros, tus manos tibias...
Me faltan cada noche de insonmio.
Esas oscuras y largas horas que empezaron cuando viniste, continuaron aún cuando te marchaste.
No sé que es mejor, pensar que mueres en donde estés, creer que jamás volverás, o esperar lentamente a que me lastimes otra vez.
Mi ser palpita por tu ausencia, mis ojos cada día más rojos, pero ni una lágrima sale. Cómo si no hubiera razones para llorar, a pesar de que cada minuto del día pienso en como poder recuperar ese éxtasis que tú trajiste a mi vida, y que parece que fue lo único que te llevaste contigo.
Tu silueta en el sillón junto con tus largas sonrisas, siguen en el mismo lugar dónde las dejaste junto con ese aroma a café que siempre desprendías, cómo si el dormir no existiese en tu esencia.
Y a pesar de que los días son menos pesados y que el sol abriga mi alma, yo daría cada pequeña flor que sale en primavera, por un sólo beso tuyo, de esos amargos que siempre dejan mal sabor de boca pero que nunca se olvidan por completo.
Y a pesar de que los días son menos pesados y que el sol abriga mi alma, yo daría cada pequeña flor que sale en primavera, por un sólo beso tuyo, de esos amargos que siempre dejan mal sabor de boca pero que nunca se olvidan por completo.
Me declaro adicta a ti, a tu sombra y tu oscuridad, a tus torpes palabras. Ya que tú abrazaste mi llanto, y calmaste mi vacío, con sólo un momento contigo era completa, pero cada parte de mí dolía y al mismo tiempo estaba en paz, sólo a tu lado. Fuiste el remedio para los días azules.
Nadie más tocará mi amargura cómo tú, con esas caricias que dejaban cicatrices, las cuales me enseñaste a besar.
domingo, 7 de mayo de 2017
D.
La vida ha sido más fácil desde que no existes, desde que no creo que estoy amarrada a ti. Simplemente me dejo llevar y hago todo por que creo que es lo correcto, lo hago por mí, y no para probarte nada. Y no espero que nadie me salve, porque no existe nadie que lo haga, o no de la forma en que pensaba.
Tantos años sin entender quien eras, si estabas siempre o sólo cuando nos necesitabamos, porque por algo estamos aquí, por algo nos buscaste a todos, si es que existes.
Y sé que al negarte, esto es irónico. Escribirte una carta porque tal vez siempre vaya a haber esa pizca en mí, esperando...
Antes, cuando tenía una pesadilla, me calmaba al pensar en ti, al imaginar que estabas ahí, ahora que ya no te siento, no he vuelto a tener ningún mal sueño, y cada vez que tengo miedo, me calmo a mí misma, sin ayuda de palabras al aire.
Después de estos años, me di cuenta que es normal estar sola, y que morir, es algo natural, que seguramente desaparecere cuando me vaya, no quedará conciencia de mí misma, todo lo que soy ahora, dejará de ser, y solamente viviré en la memoria de otros por algún tiempo, y luego, todo lo que alguna vez hubo de mí, será nada, o peor que eso.
Si estuvieras o no, ayer, hoy o por siempre, sería lo mismo, por ahora lo ha sido, y si yo mereciera una eternidad de dolor y arrepentimiento por negarte, entonces, no eres ni por mínimo lo que creí que eras cuando te seguía, serías igual que cualquier otro ser mortal: alguien lleno de errores. Te vería como alguien lleno de ira, un tirano como cualquier otro, que desea todo a su merced. Y sé que es flasfemia, pero así es como te veo, porque si obligas a alguien a quererte, entonces, tal vez te falta mucho por aprender.
Acepto todo aquel que me odie por esto, y a todo aquel que te siga eternamente, lo respeto. Más no pienso dañar a nadie en tu nombre, ni siquiera a mí misma. Si haré algo será por mí, y por lo que sé que esta aquí hoy, que puedo tocar y puedo sentir, que sé que me pueden lastimar, pero que me gusta así, lo que para mí parece real, y vivo, ya que son lo único que hacen esto realidad, y que convierten todo, en algo que vale la pena.
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