domingo, 2 de diciembre de 2018

A todos los chicos de los que me enamoré

    Que difícil me es el escribir un poema sobre ti, sobre ustedes. 
    Cada palabra que alguna vez brotó de una lágrima derramada, parecen tan lejanas, como la nieve en verano. 
    ¿Qué ha sido de ustedes? ¿Qué ha sido de mí?
    La segunda pregunta debería ser capaz de responderla, pero al pensar en mi yo enamorada incondicionalmente es como si contara la vida de alguien más.
    Me siento libre de ustedes y de mí. Esta es una carta de despedida, y no porque no vuelva a a amar, sino porque ahora espero hacerlo de la forma correcta, dejando las ataduras y el pasado; usarlos mejor como aprendizaje.
    Agradezco que me hayan lastimado lo suficiente para hacerme más fuerte y poder cambiar para bien, pero lo mejor es que no lo hicieron demasiado como para acabar conmigo.
    Cada poema y escrito de amor, realmente los sentí, pero ahora me amo más a mí. 
    Espero que lo entiendan.
 


    GRACIAS


Sí, obvio me basé en el título del libro para escribir esto, el cual no he leído ni he visto la película, pero entiendo el contexto en el que va, y creo que lo que escribí es muy diferente al argumento de estos. Bai.

domingo, 18 de febrero de 2018

Esperanza de verano

    ¿Recuerdas los días de verano cuando veíamos nuestros propios anocheceres y dormíamos juntos bajo la luna?
    Todas y cada una de esas noches esperaba a que te quedaras dormido para poder salir al balcón a tomar aire, soñando que así tú realmente estarías conmigo.
    Sentí tus manos junto a las mías, casi como si hubieras estado ahí, y ese tacto de piel con piel  fue tan eterno que nunca pude notar que te estabas yendo, ni mucho menos que tal vez nunca estuviste por completo, entonces te seguía viendo, palpaba tu ausencia y pensaba que eras el mismo, como cuando crees que miras la misma estrella cada noche.
    Cuando por fin me di cuenta que ya no estabas empecé a ver tu sombra desde la puerta, sólo cuando estaba entreabierta. Y desde esa pequeña apertura puedo mirarte volar de tierra en tierra, te mueves al ritmo del sonido de tus alrededores mientras yo escucho distintos cantos en mis cercanías, pero éstos no dicen nada, son un tarareo que ignoro al concentrarme en no perder de vista si volverás.
    El cuarto se volvió frío cuando te fuiste o ¿siempre fue así?, tal vez no lo sentía por el calor de tu cuerpo, que era tanto que aún a centímetros de rosarse con el mío podía sentir un tibio en cada parte de mi ser, como si te llevaras la frialdad que me caracteriza, y así, no necesitaba nada más para cubrirme cuando tú estabas cerca.
    ¿Me ves desde donde estás? ¿No necesitas un poco de mi frío para nivelar tu calor?
    Después de todo, si puedes escuchar mi voz, promete que si no regresas éste verano, como en todos aquellos en los hemos estado juntos, no volverás jamás, y dejarás que cierre desde afuera la puerta de la habitación, permitiendo que todo lo demás que ha sido permanezca adentro, desde nuestras risas, hasta los ósculos que dejaste en mi alma.
    Entonces, chico de sol nocturno, déjame partir sin ti, ni tus recuerdos (para siempre) o hiéreme una vez más con tus viajes de media noche.


NANA

lunes, 24 de julio de 2017

Sin ti, tengo todo, menos a ti. Y sin ti, ¿qué es lo que realmente tengo?

   Otro triste septiembre, octubre, noviembre, todos son tristes, cada uno termina igual, cada uno es una entrada al invierno, que siempre me recuerda a ti. 
    
    Esos ojos negros, tus manos tibias... 
Me faltan cada noche de insonmio.
    Esas oscuras y largas horas que empezaron cuando viniste, continuaron aún cuando te marchaste. 
    No sé que es mejor, pensar que mueres en donde estés, creer que jamás volverás, o esperar lentamente a que me lastimes otra vez.
   
     Mi ser palpita por tu ausencia, mis ojos cada día más rojos, pero ni una lágrima sale. Cómo si no hubiera razones para llorar, a pesar de que cada minuto del día pienso en como poder recuperar ese éxtasis que tú trajiste a mi vida, y que parece que fue lo único que te llevaste contigo. 
   Tu silueta en el sillón junto con tus largas sonrisas, siguen en el mismo lugar dónde las dejaste junto con ese aroma a café que siempre desprendías, cómo si el dormir no existiese en tu esencia.
 Y a pesar de que los días son menos pesados y que el sol abriga mi alma, yo daría cada pequeña flor que sale en primavera, por un sólo beso tuyo, de esos amargos que siempre dejan mal sabor de boca pero que nunca se olvidan por completo.
   Me declaro adicta a ti, a tu sombra y tu oscuridad, a tus torpes palabras. Ya que tú abrazaste mi llanto, y calmaste mi vacío, con sólo un momento contigo era completa, pero cada parte de mí dolía y al mismo tiempo estaba en paz, sólo a tu lado. Fuiste el remedio para los días azules. 
  Nadie más tocará mi amargura cómo tú, con esas caricias que dejaban cicatrices, las cuales me enseñaste a besar.